Angela Merkel, al frente de Alemania desde hace 15 años, la mayor economía de Europa

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El 22 de noviembre de 2005, Angela Merkel hizo historia como primera mujer y ciudadana del este que alcanzaba la Cancillería alemana. También se convirtió en la persona más joven (51 años) en alcanzar ese puesto, para el que fue elegida por 397 votos del total de 611 del Bundestag (Parlamento).

Quince años después, ha tenido que hacer frente a algunas de las crisis más importantes tras la Segunda Guerra Mundial: la crisis finanicera de 2008, la de los refugiados de 2015 y la pandemia del coronavirus, cuya gestión ha disparado su popularidad hasta el 74%. Así, Merkel es una de la políticas mejor valorada por sus compatriotas, aunque no siempre se la identifique con el conservadurismo clásico de su partido.

La última página de su liderazgo, sin embargo, aún está por escribir. La mandataria, de 66 años, se vio afectada en junio de 2019 por unos incontrolables temblores durante unas ceremonias oficiales, que hicieron surgir los interrogantes sobre la capacidad de esta “infatigable” canciller para concluir su cuarto y último mandato antes de su retirada política en septiembre de 2021. Cuando llegue esa fecha habrá igualado el récord de longevidad en la cancillería -16 años- de su mentor, Helmut Kohl.

Su apuesta política más osada: abrir las fronteras los refugiados  

Merkel ha sido elegida hasta cuatro veces como canciller por lo que hay generaciones de alemanes que no han conocido a otra líder del país. En 2008, hizo frente a la crisis económica de Europa con sus recetas de austeridad, siendo apodada por muchos como una nueva “dama de hierro”.

Esa imagen se disipó en 2015, cuando llevó a cabo tal vez una de sus apuestas políticas más osadas: abrir las fronteras a los refugiados y solicitantes de asilo sirios e iraquíes, proporcionándole un 74% de popularidad. Pese a los temores de la opinión pública, prometió integrarlos y protegerlos. “¡Lo lograremos!”, espetó

Para explicar su histórica decisión sobre los migrantes, adoptada sin consultar realmente a sus socios europeos, invocó sus “valores cristianos” de su y una cierta obligación de ejemplaridad de un país. Sin embargo, el miedo al islam y a los atentados llevó a una parte del electorado conservador a refugiarse en el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), que en septiembre de 2017 llegó al Parlamento.

Pero su gestión en la crisis del coronavirus la ha revalidado y se ha disipado el término de la “Merkeldämmerung” -crepúsculo de Merkel- que planeaba sobre su fase final en el poder. A principios de noviembre, su índice de popularidad alcanzó nuevamente un 74% en el barómetro mensual ARD-Deutschlandtrend. En marzo, al inicio de la pandemia, su popularidad estaba 21 puntos por debajo. 

Alemania, la locomotora europea 

En estos quince años, Angela Merkel puede anotarse también un puñado de éxitos económicos en sus quince años al frente de la locomotora europea, pero los expertos no dudan en matizar los logros, señalar las carencias y alertar ante los retos.

Alemania ha cerrado con superávit los últimos seis ejercicios y reducido la deuda en 20 puntos porcentuales desde 2010, el empleo y las exportaciones llevan una década marcando máximos y la economía ha crecido en 13 de los últimos 15 años.

No obstante, atraso en la digitalización y la implantación de la banda ancha al déficit de inversiones es aún muy acusado, debilidades que la irrupción de la pandemia ha evidenciado y reforzado.

“Podemos decir claramente que los últimos diez años han sido buenos. Quizá no dorados, pero bastante buenos”, afirmó a la agencia Efe el profesor de la Universidad de Friburgo Lars Feld, presidente de “los cinco sabios”, el grupo de economistas que asesora al Gobierno alemán.

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